¿Y por qué no?
Esa podría ser una de las múltiples respuestas, pero desde hace unos años que me he sentido atraido por una cultura milenaria. La cultura Japonesa.
Su estilo de vida, sus costumbres, su arquitectura, su gente y sus ciudades, a mi parecer, son las más equilibradas de todas las que nos rodean.
Pues bien, hay ciertos valores que ayudan a explicar la uniformidad de la estética japonesa, dos de los más importantes son Wabi-sabi e Iki.
Iki es un término que nació en la era Edo y se comenzó a usar en círculos de samurais para designar a aquellos que eran de valía, elegantes y seguían el código del honor. La palabra se comenzó a extender y comenzó a tomar el sentido de elegante, distinguido pero sin ser arrogante o exuberante, los japoneses siempre valoran mucho la sobriedad.
Digamos que una persona o cosa sería Iki si es original, calmada, indiferente, refinada y sofisticada pero sin ser perfecta o complicada. La literatura en inglés suele traducir Iki como “chic”, y en español como “guay”.
Vaya rollo… Para entendernos con un ejemplo, un Audi A3 sería Iki mientras que un todoterreno NO sería Iki. En cuanto a las personas, el típico pijo-hijodepapa no sería Iki, mientras que la persona Iki sería alguien de estudios con una buena carrera y que destaca no porque él fuerce la situación como haría el pijo-hijodepapa sino porque el entorno le destaca a él.
Aplicándolo a lo japonés, las Geishas son Iki. Son bellas, sofisticadas pero no tienen la intención de destacar. La arquitectura de vanguardia japonesa es Iki, los interiores de las casas japonesas con tatamis son Iki, las novelas de Haruki Murakami son Iki, comer sushi es Iki, el Ukiyo-e es Iki… Al ponernos en contacto con cualquiera de estas cosas llegaremos a un estado mental similar.
El Iki es un valor que sigue muy vigente hoy en día y la gente suele usar mucho la palabra para personas. Si te dicen que eres Iki es un halago mientras que el antónimo Yabo/Busui sería algo así como vulgar, rudo, basto, simple.
“Be iki my friend”